Imágenes de Nacho Coronel.
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MÉXICO, D.F., 14 de agosto (Proceso).- Aportaciones testimoniales y gráficas de alguien que formó parte del operativo permiten reconstruir cómo fueron los últimos momentos de Ignacio Nacho Coronel, uno de los líderes del cártel de Sinaloa, muerto en una acción del Ejército el jueves 29 de julio en una de sus casas en Zapopan, Jalisco. Como en otros casos excepcionales, respetamos el anonimato que solicitaron tanto el autor como su fuente de información.
Ignacio Coronel Villarreal no supo que ya iban por él hasta que tuvo al Ejército encima. Literalmente. El grupo de élite llegó por aire y se alineó en chorizo, como se refieren coloquialmente los militares a una formación en columna. Cuando reaccionó, Coronel reventó un ventanal y trató de huir por el jardín de su casa de seguridad, en la que llevaba al menos dos semanas recluido, temeroso de ser aprehendido. Sabía, sí, que el
El crimen organizado financia a las policías municipales del país con sobornos por mil 277.27 millones de pesos mensuales (es decir 15 mil millones al año), afirmó Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública federal.
Esa cifra cubre el déficit salarial, estimado por la dependencia, de 165 mil 510 policías municipales del país, de los cuales 40.5% gana entre mil y 4 mil pesos al mes; mientras otro 20.4% percibe menos de mil pesos mensuales, detalló el funcionario en el Foro Internacional “Hacia un Modelo Policial para el México del Siglo XXI”.
Dijo que “el déficit salarial de los policías municipales es de mil 277.27 millones de pesos mensuales… Eso no lo pagamos y eso es igual a corrupción: ese déficit lo financia el hampa, la parte delictiva. Hoy en el país la policía sigue operando ganando 2 mil, 3 mil pesos; es decir, el coche camina y la gasolina alguien la pone”.
Según las nóminas del crimen organizado encontradas por la Policía Federal contienen pagos de 4 mil o 5 mil pesos mensuales para los policías sobornados: “es la compensación y es en todo el país”, explicó García Luna al defender su propuesta de crear policías únicas en las 32 entidades federativas.
El cálculo sólo considera el ingreso mensual que requieren los policías para llevar una vida digna, estimado en 10 mil pesos mensuales, sin considera uniformes ni gastos de operación, destacó ante especialistas, autoridades municipales e integrantes de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago).
“Yo no estoy en la perspectiva necia de que sea un modelo de policía única estatal. Si a mí un alcalde me dice: ‘yo me hago responsable de combatir el delito y proteger a la comunidad’, sale, pero ¿qué creen?, el país tiene 40% de policía que no combate el delito, no protege a la comunidad, y ese es un problema. Ahora, si un alcalde se compromete a combatir el delito yo soy feliz”.
Las policías que se dedican a perseguir los delitos en el país, precisó, son las judiciales o ministeriales, que con 26 mil 928 elementos, apenas constituyen 6.3% del total de la fuerza del Estado.
“Hay métodos que se están utilizando por criminales que no tienen escrúpulos y que pretenden intimidar, que, por supuesto, pretenden aterrorizar a la gente, que pretenden generarle miedo (y) que pretenden inhibirnos”, expresó Blake.
El funcionario, quien evadió referirse al término “narcoterrorismo” planteado en la pregunta de un periodista, dijo que la explosión de un automóvil en la sede de la policía estatal de Tamaulipas, luego de que el 15 de julio estalló otro en Ciudad Juárez, Chihuahua, es una expresión violenta para aterrorizar a la sociedad, como se define al terrorismo.
“Evidentemente hay una expresión del crimen, una expresión violenta. Son bandas del crimen organizado que secuestran, que roban, que pretenden utilizar métodos para aterrorizar, para intimidar, para inhibir a las autoridades y a la ciudadanía”, insistió.
“Y por esa razón vamos a seguir manteniendo con carácter, con determinación, con inteligencia, una lucha por recuperar nuestros espacios, los espacios que son de los ciudadanos, los espacios que le corresponden a la sociedad, para tener mejores niveles de seguridad y de tranquilidad”.
--¿Narcoterrorismo, secretario? ¿Ya se puede hablar de este tema en el país?
--Yo diría que hay métodos que se están utilizando por criminales que no tienen escrúpulos, que pretenden intimidar que, por supuesto, pretenden aterrorizar a la gente, que pretenden generarle miedo, que pretenden inhibirnos.
“Eso es lo que hay allí: Gentes que se dedican al crimen, que se dedican a robar, que se dedican a delinquir y que usan estos métodos para generar el miedo”.
Blake, quien no ofreció mayores datos sobre el auto que estalló en la capital de Tamaulipas, dijo que se sigue dialogando con los gobernadores para pactar una policía única.
“Yo creo que no hay disposición aún en contra”, dijo el funcionario. “Estamos trabajando proyectos que nos permitan llegar a un acuerdo con los señores gobernadores, que nos permitan llegar a un acuerdo, finalmente, que le permita a la ciudadanía contar con mejores sistemas de seguridad. Y, en ese sentido, vamos a trabajar un modelo único de policía que requiere mantener mayores niveles de coordinación y de cooperación.”

Va un adelanto del reportaje que la revista Proceso publica esta semana. El texto fue elaborado por los reporteros de la sección Jalisco, encabezado por Felipe Cobián, Gloria Reza, y Alberto Osorio
GUADALAJARA, JAL.- Aparentememte protegido en las altas esferas de la política Ignacio Nacho Coronel Villarreal, tercero en la jerarquía del cártel del Pacífico –después de Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada, a quienes habría desafiado– durante años vivió aquí a sus anchas y traficó sin tropiezos... hasta que el gobierno lo eliminó.
Un día después de la caída del capo, efectivos del Ejército mataron en otro tiroteo a Mario Carrasco Coronel, El Gallo, sobrino y presunto sucesor de Nacho Coronel al frente de la célula del cártel de Sinaloa en Jalisco.
El capo cayó el jueves 29 pasadas las 12:40 horas. Ataviado con ropa deportiva, Nacho Coronel recibía un masaje antiestrés de una terapeuta –se afirma que estaba deprimido desde el levantón de su hijo Alejandro en abril pasado– cuando un grupo de élite del Ejército lo sorprendió en su casa de Paseos de los Parques 3435 en Colinas de San Javier. Y lo acribilló.
La versión de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) –que es la única que se conoce; el acceso a la datos sobre el operativo ha sido restringido– asegura que la localización del capo se debió a una labor de inteligencia militar de varios meses. Se informó, asimismo, que Coronel opuso resistencia a la aprehensión, disparó su pistola y mató a un soldado –el que encabezaba el asalto– e hirió a otro.
Versiones extraoficiales atribuyen su eliminación al creciente poder que Coronel adquiría “desde la sombra”, como reveló este semanario, lo que pudo hacer creer a sus superiores que su propio liderazgo estaba en entredicho.
Este es un adelanto del número 1761 de Proceso, ya en circulación.
Alberto Osorio Méndez
GUADALAJARA, Jal., 30 de julio (apro).- Elementos del Ejército mexicano dieron muerte a Mario Carrasco Coronel, El Gallo, sobrino de Ignacio “Nacho” Coronel Villareal, en un enfrentamiento con militares en el fraccionamiento Rinconada de los Novelistas, ubicado al poniente de la zona metropolitana de Guadalajara, en el municipio de Zapopan.
Mario Carrasco era observado por inteligencia militar como el posible sucesor de Ignacio Coronel, uno de los hombres más importantes del cartel del Pacifico, quien falleció ayer en otro enfrentamiento con militares en la colonia Colinas de San Javier, en esta ciudad.
En el operativo de hoy fueron decomisadas dos armas de fuego y dos vehículos, uno de ellos blindado.
Según vecinos de la zona, el operativo se realizó en absoluta discreción, mientras un helicóptero sobrevolaba el área.
Mario Carrasco era considerado uno de los lugartenientes de su tío Nacho Coronel, cuyo cuerpo está en el Servicio Médico Forense de Guadalajara, en espera de que los familiares reclamen el cadáver, en medio de un fuerte dispositivo de seguridad realizado por militares.
MÉXICO, D.F., 17 de julio (Proceso).- Nacido al amparo de Amado Carrillo Fuentes y considerado entre los más importantes líderes del cártel de Sinaloa, Ignacio Coronel Villarreal en dos decenios se convirtió en uno de los principales capos del narcotráfico del país y tiene, según las autoridades, poder suficiente para crear su propio cártel. La DEA y el FBI consideran incluso que el antiguo socio de los hermanos Beltrán Leyva, con quienes hoy protagoniza cruentas batallas en el estado de Jalisco, ha gozado de impunidad a lo largo de su carrera criminal.
En poco más de dos décadas, Ignacio Nacho Coronel Villarreal se consolidó como el cuarto hombre más importante del cártel de Sinaloa y logró ampliar sus actividades de trasiego de droga a gran escala hacia Sudamérica, Estados Unidos y varios países europeos, que hoy son las principales rutas de su boyante negocio.
Robert Mueller, director del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), incluso elaboró una ficha criminal en la que destaca que, por su gran capacidad, Coronel Villarreal puede constituir su propia organización criminal en un corto tiempo.
Conocido también como Ignacio Valdez Urrutia, Dagoberto Rodríguez Jiménez, Nachito, El Ingeniero y el King of Ice, el capo forma parte de la llamada Federación de Narcotraficantes que encabeza Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, a quien en marzo de 2009 la revista Forbes convirtió en multimillonario al atribuirle una fortuna de mil millones de dólares.
Al igual que sus pares, Coronel Villarreal es sigiloso y suele cobijarse en el misterio. Algunos documentos oficiales consignan que nació el 1 de febrero de 1954, aunque no mencionan el lugar. La PGR sostiene que es originario de Canelas, Durango, pero un reporte del FBI fechado el 17 de abril de 2003 –cuando se ofreció una recompensa de 5 millones de dólares a quien proporcionara datos para su captura– indica que es oriundo de Veracruz.
Aunque son pocas las fotografías de Coronel Villarreal, el FBI incluye una en la que se le observa de barba cerrada y vestido con una camisa y un sobretodo oscuros. La imagen va acompañada de la descripción física del capo: pelo castaño, ojos cafés, raza “blanco hispano” y 143 libras de peso. ¿Su oficio?: “Hombre dedicado a los negocios”.
En los ochenta, cuando Coronel inició su carrera delictiva, era el cabecilla del cártel de Juárez en Zacatecas. Trabajaba entonces a la sombra de Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, y de Eduardo González Quitarte, El Flaco, quien fue publirrelacionista de esa organización criminal hasta 1997.
Tras la muerte de Carrillo Fuentes, Coronel Villarreal, Juan José Esparragoza Moreno El Azul e Ismael El Mayo Zambada se desligaron de ese cártel para sumarse al de Sinaloa, que recobró su poder en 2001 luego de que El Chapo Guzmán se fugó del penal de Puente Grande, Jalisco.
En aquella ocasión, junto con Luis Valencia Valencia, cabeza del cártel del Milenio, y Óscar Nava Valencia, El Lobo –ambos vinculados con los hermanos Beltrán Leyva–, Coronel protegió al Chapo. Años después, cuando los Beltrán Leyva rompieron con Guzmán Loera, Nacho Coronel se mantuvo firme en el cártel de Sinaloa. Hoy, sin embargo, opera en El Molino, un municipio cercano a la ciudad de Zapopan, Jalisco, según datos de la PGR.
No obstante su filiación al clan sinaloense, la Drug Enforcement Administration (DEA) y el FBI sostienen que desde la década pasada Coronel consolidó su poder y es capaz de “operar con luz propia”.
“Ha incrementado su poder desde la década de los noventa y ahora es la cabeza de una célula poderosa en México, trabaja directamente con fuentes de abastecimiento colombianas que lo surten de cientos de toneladas de cocaína”, según la ficha criminal elaborada por las autoridades de Estados Unidos.
El despegue
Hábil en el trasiego de droga, Nacho Coronel amplió su abanico de actividades en los últimos años: hoy, además de cocaína, trafica con metanfetaminas y cuenta con decenas de laboratorios clandestinos a lo largo del territorio nacional, lo que le permite controlar más de 50% de la producción de drogas sintéticas, según la DEA.
En investigaciones federales se le menciona incluso como presunto socio del empresario de origen chino Zhenli Ye Gon, acusado de introducir efedrina al país con apoyo gubernamental y a quien se le decomisaron 205 millones de dólares en 2007, al parecer producto del narcotráfico, en un cateo a su residencia de Las Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de México.
Formado a la sombra de Carrillo Fuentes, Coronel también supo abrevar de los hermanos Beltrán Leyva, pero cortó con ellos en enero de 2008, cuando decidieron separarse del cártel de Sinaloa. Según el FBI, Coronel “promueve sus actividades de narcotráfico por medio del soborno, la intimidación y la violencia”.
A pesar de que Coronel se inició en el negocio del narcotráfico desde muy joven, no fue sino hasta diciembre de 2003 cuando la Corte del Distrito Oeste de Texas lo acusó por primera vez de tráfico de sustancias ilegales y de conspiración para poseer e importar precursores químicos controlados, con el presunto fin de producir drogas sintéticas, uno de sus prósperos negocios.
Según la ficha de búsqueda del FBI difundida en Estados Unidos, Coronel se convirtió en años recientes en el capo que mejor compite en la producción y distribución de sicotrópicos sintéticos.
Los organismos estadunideses lo llaman King of Ice o King of Crystal, un apelativo que no usan sus allegados, quienes prefieren llamarlo El Ingeniero Coronel Villarreal, Nacho Coronel o Nachito Coronel: en el mundo donde él se desenvuelve lo conocen como El Cachas de Diamante, al parecer por su afición a las armas recubiertas de oro o diamantes, el sello distintivo de los empresarios del narco y sus poderosos sicarios.
La PGR asegura que, como engrane del cártel de Sinaloa, Nacho Coronel controla buena parte del Pacífico mexicano desde el occidente. Su feudo, agrega la dependencia, es el estado de Jalisco, cuna de capos famosos, como Rafael Caro Quintero y Miguel Ángel Félix Gallardo; cuenta también con el apoyo de cuerpos policiacos y elementos del Ejército en Durango, Sonora, Michoacán, Guerrero y otras entidades del sur del país.
Durante la etapa de esplendor de los hermanos Héctor y Arturo Beltrán Leyva, cuando aún eran parte del cártel de Sinaloa, Coronel gozó de la protección oficial, pues se mantuvo a la sombra del poder. Algunos de sus socios en el lavado de dinero son beneficiarios de programas gubernamentales destinados al campo y a la ganadería.
Entre ellos destacan los hermanos Jesús Raúl, Francisco Amado y Marco Antonio Beltrán Uriarte, también de Sinaloa, quienes a pesar de estar señalados como lavadores de dinero proveniente del narcotráfico, durante el sexenio de Vicente Fox recibieron apoyo de cuatro programas de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa).
En diciembre de 2006, el semanario Zeta de Tijuana publicó un reportaje en el que mencionó que los hermanos Beltrán Uriarte fueron detenidos por el Ejército tras el cateo a tres inmuebles, en los que se hallaron 2 millones de dólares y poco más de 1 millón de pesos en efectivo.
Poco antes del arresto de los tres hermanos Beltrán Uriarte, inteligencia militar identificó a Jesús Raúl como el operador de Coronel en el trasiego de droga vía marítima y aérea desde Centro y Sudamérica.
Documentos de la PGR y de la Secretaría de Seguridad Pública federal señalan que los Beltrán Uriarte son oriundos de Angostura, Badiraguato y Mocorito, Sinaloa; otros familiares suyos se afincaron en Guadalajara, donde hoy son parte del entorno que controla Coronel.
A los Beltrán Uriarte se les ha identificado desde hace años con el blanqueo de capitales, aunque ellos lo niegan. Dicen que su fortuna proviene de sus prósperos negocios ganaderos y agrícolas, que en realidad son empresas fachada, según los expedientes federales.
Otro de los hermanos Beltrán Uriarte, Miguel, conocido como El Veterinario, está incluido en la averiguación previa 2984/2002 por su presunta vinculación con el llamado narcobatallón militar que en octubre de 2002 fue desmantelado en Guamúchil, Sinaloa, por brindar protección al narcotráfico, en particular a la célula de los Beltrán Leyva y del propio Coronel.
A pesar de esos antecedentes, los Beltrán Uriarte aparecen en el padrón de productores que se benefician de los programas oficiales destinados al campo. Según el semanario Zeta, en 2004 Francisco Amado recibió subsidios del Procampo para cultivar 70 hectáreas de pasto perenne de temporal. Su folio era el 500718268.
Su hermano Miguel cultivó tres hectáreas de sorgo. Su folio en el Procampo era el 500718278; Jesús, otro miembro del clan, sembró siete hectáreas de maíz de temporal. Es beneficiario de ese programa gubernamental y su número de registro es 500718280.
Y a la par que las actividades ganaderas de los hermanos Beltrán Uriarte estaban en pujanza, se consolidó su relación con Nacho Coronel, por lo que se mudaron a Jalisco, donde presuntamente invirtieron buena parte de sus ganancias ilícitas.
Los exsocios
Todo iba bien para Nacho Coronel y sus aliados en el cártel de Sinaloa hasta que a principios de 2008 decidió romper relaciones con sus antiguos mentores, los hermanos Beltrán Leyva, por discrepancias en una operación que Coronel terminó por controlar. Poco después, los Beltrán Leyva anunciaron su salida del cártel de Sinaloa.
Esa ruptura puso al descubierto las relaciones que esa organización mantenía con el poder político desde hace años, en particular con altos mandos de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO).
La PGR se enteró de esa división por el testimonio de Fernando Rivera Hernández, un capitán del Ejército que hoy está en retiro. Según la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/166/2009, Rivera Hernández, presunto protector de los hermanos Beltrán Leyva, cuenta que el pleito entre éstos y Coronel era tan fuerte que incluso Arturo Beltrán, El Barbas, ordenó ejecutar a su rival.
La orden de Arturo Beltrán Leyva era “pagar lo que fuera necesario a nuestros contactos para hacer ese jale pendiente con Nacho Coronel y ayudar al gobierno a que capturaran al Chapo Guzmán”, relata el militar en la indagatoria citada.
Y agrega. “En febrero de 2008, El Diecinueve, un sicario al servicio de los Beltrán Leyva, al que le apodaban así porque había perdido una falange, me pidió que junto con mi grupo de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada nos dedicáramos a la búsqueda de Nacho Coronel, ya que este narcotraficante y su gente habían traicionado a don Arturo Beltrán, y que por ello querían cobrar venganza”.
Rivera Hernández asegura también que por ese trabajo los Beltrán Leyva le iban a pagar 350 mil dólares. Aunque aclara: “Nunca se realizó ese jale”. Pese a esos antecedentes, durante 2008 y 2009 Coronel nunca fue molestado por ninguna autoridad; por el contrario, fueron Los Zetas los que intentaron asesinarlo en varias ocasiones.
Tras su salida del cártel de Sinaloa, los hermanos Beltrán Leyva se acercaron a Los Zetas y, juntos, se apropiaron de Durango. Con ello se intensificó la guerra entre los cárteles por el control de otros territorios, como Jalisco, Michoacán y Guerrero. A la par, se desataron las matanzas y las traiciones.
Apenas a principios de abril, por ejemplo, presuntos sicarios de Los Zetas, los nuevos aliados de los Beltrán Leyva, asesinaron a Alejandro Coronel, de 16 años. La PGR informó que el joven era hijo del capo y que había sido secuestrado poco antes de su ejecución.
Sicarios al servicio de Coronel contraatacaron. En Nayarit asesinaron a 10 personas e incineraron sus cuerpos para evitar que las autoridades las identificaran; semanas después levantaron en Sonora a Clara Elena Laborín Archuleta, esposa de Héctor Beltrán Leyva, El H.
Coronel le perdonó la vida. Y dejó un narcomensaje en el lugar donde la liberó, dirigido a El H: “Nosotros te vamos a enseñar a ser hombre y a respetar a la familia, asesino de niños. Aquí está tu esposa, por la que te negaste a responder: te la entrego sana y salva para que veas y aprendas que para nosotros la familia es sagrada”.
En marzo último, el entorno de Coronel comenzó a ser golpeado después de varios años de inmunidad. José Antonio Escareño Aviña, El Pelón, exsocio de los hermanos Valencia y operador de Coronel, fue capturado por elementos de la Policía Federal en Puerto Vallarta, Jalisco.
Buscado por la DEA y el US Marshals Service, en Estados Unidos a Escareño Aviña se le considera pieza clave en la exportación de drogas sintéticas de México, donde contaba con amplias conexiones desde 1992.
Coronel también fue golpeado el pasado 21 de enero, cuando cuatro integrantes de su banda: Raymundo Larios Vizcarra, Ernesto Coronel Peña, José Jaime y Juan Ernesto Coronel Herrera –estos tres, familiares del capo–, fueron detenidos. Se les acusó de lavado de dinero y delitos contra la salud.
Rumores
Las luces intermitentes se encendieron el 20 de mayo, cuando circuló en los medios jaliscienses la versión de que en Zapopan había sido detenido Nacho Coronel por agentes de la SIEDO y un grupo de marinos. El secretario de Gobierno del estado, Fernando Guzmán Peláez, alimentó el rumor al declarar: “Sí, podría estar detenido Nacho Coronel”; pero luego se desdijo: “No podemos confirmar ni descartar nada”.
Al final se supo que la Secretaría de Marina y la PGR habían realizado un operativo conjunto en el municipio de Juanacatlán y en la zona metropolitana de Guadalajara para detener a Coronel y a sus secuaces, pues el capo tiene dos órdenes de aprehensión giradas por los jueces de distrito Tercero y Cuarto, respectivamente, en el penal de Puente Grande, Jalisco.
Una de esas órdenes de captura es con fines de extradición a Estados Unidos, donde tiene cuentas pendientes con la justicia. En ese país se le acusa de varios delitos relacionados con la delincuencia organizada, así como de privación ilegal de la libertad, secuestro, enriquecimiento inexplicable y lavado de dinero, según confirmó el reportero en la SIEDO.
Casi de manera simultánea, el 21 de mayo otro escándalo sacudió al país: el secuestro de Diego Fernández de Cevallos. Al principio la PGR guardó silencio, sobre todo ante las versiones de que tras el plagio del exsenador panista estaba el cártel de Sinaloa y que la organización intentaba forzar al gobierno para que entregara a Coronel.
Los días posteriores, inmersa en una maraña de versiones encontradas, la PGR aclaró que Coronel no estaba detenido, pero que sí realizó varios operativos para capturarlo. Hoy, a dos meses, se desconocen los pormenores de la supuesta detención de Coronel y del plagio de Fernández de Cevallos, quien, según sus captores, aún está vivo, como informó La Jornada el jueves 15.
Sobre este punto, el investigador Edgardo Buscaglia, del Instituto Tecnológico Autónomo de México, comenta que en México el crimen organizado es tan poderoso que existe la posibilidad de que el narco fuerce al gobierno a soltar capos a cambio de la liberación de políticos secuestrados.
–¿Podría ser el caso de Diego Fernández de Cevallos? –se le inquiere.
–No lo sé, pero en un país donde las redes criminales mantienen secuestrados a los hombres del poder político y han feudalizado amplios territorios, todo es posible.
(*)Este reportaje se publicó en la edición 1759 de la revista Proceso.
La Secretaría de la Defensa Nacional confirmó que durante el enfrentamiento entre militares y sicarios registrado esta tarde en un fraccionamiento de Zapopan, Jalisco, murió Ignacio ‘Nacho' Coronel, líder del cártel de Sinaloa y uno de los principales socios de Joaquín ‘El Chapo' Guzmán.
Edgar Ruiz Villegas, subjefe de Estado de la Sedena, señaló que el narcotraficante intentó evadir la detención y al huir perdió la vida en medio de la refriega
"Durante la operación ‘Nacho' Coronel intentó evadir la acción agrediendo al personal militar con arma de fuego, causando la muerte de un militar e hiriendo a otro más, por lo que al repeler la agresión falleció el referido capo.
"En dicha operación también se logró la captura de Irán Francisco Quiñónez Gastélum, hombre de mayor confianza del narcotraficante", señaló Ruiz Villegas.
Agregó que el también conocido como "Cachas de Diamante" se refugiaba en dos residencias utilizadas como casas de seguridad ubicadas en la colonia Colinas de San Javier, en Guadalajara, empleando sólo como acompañante a Quiñónez, su jefe de seguridad, para mantener su bajo perfil y no llamar la atención.
"Ignacio Coronel Villarreal era originario del estado de Durango. Inició sus actividades delictivas bajo las órdenes del extinto narcotraficante Amado Carrillo Fuentes, alias ‘El señor de los cielos', siendo el responsable de la introducción de la droga a Estados Unidos proveniente de Centro y Sudamérica.
"Después del fallecimiento de Amado Carrillo, ‘Nacho' Coronel se unió a la organización narcotraficante de Guzmán Loera, llegando al poco tiempo a convertirse en uno de sus principales líderes junto con Joaquín Guzmán Loera, alias ‘El Chapo' Guzmán, e Ismael Zambada García, alias ‘EL Mayo Zambada'.
"‘Nacho' Coronel dirigía las actividades delictivas para su organización ene l occidente de la República, que comprende los estados de Jalisco, Colima, Nayarit y parte de Michoacán, controlando el tráfico de cocaína a través de la denominada ruta del Pacífico", expresó Ruiz Villegas.
La Secretaría de la Defensa Nacional confirmó la muerte del capo del narcotráfico Ignacio Coronel Villareal, "Nacho" Coronel, durante un enfrentamiento con fuerzas de élite del Ejército en Zapopan, Jalisco.
"Nacho" Coronel identificado como uno de los mandos del cártel de Sinaloa, mantenía una alianza con Joaquín "El Chapo" Guzmán, con Ismael "El Mayo" Zambada y con Juan José Escaragosa Morena, alias "El Azul" en la dirección de esa organización criminal.
Luego de la muerte de Arturo Beltrán Leyva en diciembre pasado, durante un enfrentamiento con infantes de marina, la muerte de "Nacho" Coronel es el hecho de mayor relevancia en el combate al narcotráfico por parte del gobierno federal.
La muerte del jefe del cártel de drogas impactará en el funcionamiento y operación de ese grupo criminal, consideró el instituto armado.
"Nacho" Coronel enfrentaba órdenes de aprehensión por delincuencia organizada, narcotráfico e incluso también tenía en su contra una orden de detención provisional con fines de extradición solicitada por el gobierno de Estados Unidos.
El capo se encargaba de las operaciones del cártel de Sinaloa en la zona de Jalisco, Colima y Nayarit, principalmente.
En esa zona del occidente mexicano se encontraba consolidado el control del grupo criminal tanto para el paso de drogas, como operaciones de lavado de dinero.


